Comunicate por Email

28 abril 2012

(3ª parte) Relaciones familiares del/la paciente bulímico/a



Los estudios recientes sobre el medio familiar de los/as pacientes bulímicos/as han revelado aspectos consistentes en la interacción entre sus miembros, de forma similar a lo descrito en el caso de la anorexia nerviosa. Identificar una pauta especifica de relación familiar como factor de riesgo de patología bulímica es extremadamente útil porque permite detectar la situación de vulnerabilidad del sistema familiar para el desarrollo del trastorno y corregirla con prontitud.
Y aunque la investigación no ha dibujado un cuadro completo de todas las características familiares, sí se han detectado algunos rasgos típicos de la relación familiar sin que ello signifique que los familiares sean los causantes del trastorno.

Muchas familias en las que emerge un trastorno bulímico comparten un funcionamiento que trasluce una orientación excesiva de sus intereses hacia los logros académicos y laborales, mientras que se le da poca importancia a los aspectos culturales, el ocio, el desarrollo de objetivos intelectuales o los aspectos religioso-morales.

Así mismo, se han observado dificultades de cohesión, muy baja tolerancia a la frustración y una falta de límites entre sus miembros. Estas familias se perciben a si mismas como disgregadas, caóticas, con poca conexión emocional y, simultáneamente, con una relación amalgamada e intrusa. Conceder una importancia excesiva a los logros académicos, la apariencia perfecta y no dar ninguna importancia a la autonomía personal ni a la expresión asertiva, genera que la relación se establezca desde la corrección continua del más mínimo error. Cada miembro opina del otro y de lo que hace de forma negativa predominando el desacuerdo y la tensión en el seno familiar. Es posible que las conductas y formas que se corrijan estén equivocadas y se tenga razón en lo que se recrimina, pero la ausencia de márgenes para el error en la vida nos coloca en una situación de fracaso perpetuo, devastador para el afianzamiento de la autoestima.

La dificultad de separación impide el establecimiento de unos límites que diferencien, sin perder la relación afectuosa que necesitan. La falta de límites se pone de manifiesto en numerosas situaciones, especialmente en las provisiones alimentarias, ya que los atracones suelen incluir la comida de toda la familia. La relación entre hermanos se resiente por la utilización mutua de sus espacios y pertenencias sin permiso (ropa, objetos de aseo y maquillaje, material de escritorio, ordenador, etc.) sin permiso. Puesto que la privacidad no suele valorarse en la familia, esta situación puede persistir incluso cuando desde el tratamiento se sugiere la necesidad de establecer límites y diferenciar las características individuales de cada miembro familiar.

Son además frecuentes los comportamientos impulsivos y las conductas adictivas (insistimos, no presentes en todas las familias, sino con una frecuencia mayor a la observada en familias sin individuos con bulimia nerviosa). En numerosas ocasiones alguno o ambos padres presentan obesidad, problemas con alcohol e impulsividad asociada a conductas explosivas. La gravedad de la bulimia se ha asociado a la inconsistencia del afecto materno ya que las fluctuaciones de su expresión amorosa suelen ser excesivas; unos días da muestras de mucho cariño y otros días manifiesta un rechazo total.
Se ha visto, a su vez, muy negativa la tendencia de algunas madres de culpar a sus hijas por los problemas familiares, negando su propio papel en el malestar familiar.
Por lo que respecta al padre varón, la relación más destacada y negativa es la negligencia. Debido a un nivel de ansiedad muy elevado, los padres se distancian y no apoyan al/la hijo/a con problemas, negando su existencia o su gravedad. En su papel de maridos suelen ser inconscientes de los problemas matrimoniales que ocurren y del sufrimiento de su pareja. De hecho, muchas de los aspectos emocionales descritos se encuentran en familias depresivas con un estrés excesivo que dejan a los hijos vulnerables a cualquier patología mental. Si a ello se une una excesiva importancia a la apariencia, al que dirán; y se busca la identidad familiar en el logro profesional y el éxito, se ha creado el clima ideal para el desarrollo del trastorno bulímico.

Guía Trastornos de la conducta alimentaria - Unidad de Tratamiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Universitario Santa Cristina de la Comunidad de Madrid

http://www.madrid.org/cs/Satellite?c=CM_Publicaciones_FA&cid=1142494804947&idConsejeria=1109266187278&idListConsj=1109265444710&idOrganismo=1109266227712&language=es&pagename=ComunidadMadrid%2FEstructura&sm=1109266101003


(2ª parte) Relaciones familiares del/la paciente anoréxico/a

Bien sea porque las relaciones familiares fueron siempre similares a las que vamos a describir, o porque el trastorno anoréxico genera tanta tensión en el seno familiar que las relaciones cambian, el hecho incuestionable es que durante el transcurso de la anorexia, las relaciones creadas en las familias presentan algunos patrones comunes contraproducentes:

Amalgama: Describe una manera extremadamente estrecha e intensa de relación familiar en la que los límites se pierden. Los roles se difuminan, confunden e intercambian siendo muy difícil establecer con claridad quién ejerce determinados papeles en la familia. En muchas ocasiones los hijos hacen el rol de los padres y los padres asumen actitudes más propias de sus hijos. Además, los padres intentan que sus hijos disfruten de la infancia que ellos no tuvieron o del futuro que desearon para ellos mismos, lo que acarrea una excesiva implicación en el desarrollo de su descendencia.
La individualidad y la autonomía de los integrantes de estas familias son inhibidas; desaparece la privacidad y todos los espacios, ilusiones, objetivos y emociones se comparten. Todos los miembros de la familia se sienten con el derecho (y el deber) de participar en las emociones, decisiones, etc. de los demás; y ninguno se siente legitimado para defender su privacidad.
Es posible que establezcan relaciones más cercanas entre alguno de los hijos y uno de los
padres, presentando un frente común hacia el otro progenitor. Y que la comunicación entre dos personas tenga lugar a través de una tercera, en vez de producirse de forma directa. Estos patrones de comportamiento pueden perpetuarse sin que nadie en la familia esté al tanto de que se están conduciendo en esta manera.

Sobreprotección: Es característico de algunas familias de pacientes con anorexia un desvelo mutuo y continuo entre sus miembros, no sólo hacia el hijo enfermo, que responde a un cariño genuino, presente tiempo antes de que la anorexia se iniciase. Sin embargo, la sobreprotección cuando los hijos/as crecen refuerza la idea de que el mundo es un lugar inseguro y la vida una situación plagada de posibles catástrofes. Cualquier vivencia fuera de la red familiar se tiende a interpretar como un riesgo gratuito e innecesario, incluso como un acto de traición a la unidad y bienestar familiares.
Cada cual tiene la sensación de que el cuidado de los restantes miembros de la familia es responsabilidad suya, dejando a los demás a cargo de su propio cuidado personal. Los hijos son así ignorantes de su propia realidad y negligentes de su propio cuidado.

Rigidez: En algunas de estas familias cualquier cambio es vivido como amenazante e indeseable, dado que pone en riesgo el sentimiento de seguridad que ofrece una búsqueda continua de control.
La supuesta seguridad que aporta limita tremendamente la libertad y autonomía de sus miembros y, aunque pretende proteger de los cambios que puedan venir desde el exterior (de la familia), lo que realmente consigue es limitar las posibilidades de adaptación a estos.

Evitación del conflicto: Cualquier realidad conflictiva es sentida de forma amenazante hacia la armonía familiar y, por tanto, se desaprueba. Impera entonces la ley del silencio. Los problemas se niegan o minimizan. Es habitual que ante sentimientos de malestar la respuesta de los padres sea del tipo “no hay por qué preocuparse, ya verás como todo se soluciona, siempre lo has hecho”. El mensaje implícito es que los padres esperan que su hijo sea capaz de resolver sus dificultades (aparece entonces el temor a fracasar, a fallar a los padres) sin el ofrecimiento de un apoyo al respecto. Implicación de los hijos en el conflicto paterno: En ocasiones, las/los pacientes con anorexia son confidentes de alguno de sus padres, forzando una alianza con uno de los padres frente al otro o se convierten en mediadores del problema de los padres. Cuando la anorexia nerviosa aparece, los padres parecen olvidar o ignorar sus crisis maritales, absortos como están en la protección y cuidado del hijo/a enfermo/a. Tienen así un motivo válido para unirse y olvidar sus cuitas personales. Así, los síntomas se convierten en un elemento determinante de estabilidad o inestabilidad familiar.
Estas constelaciones relacionales señaladas pueden impedir, no sólo el proceso de maduración personal del hijo/a más “dócil” y por tanto convertirse en un factor de vulnerabilidad para el trastorno, sino también mantener la patología e impedir su recuperación.

Guía Trastornos de la conducta alimentaria - Unidad de Tratamiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Universitario Santa Cristina de la Comunidad de Madrid

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La familia y los trastornos de la conducta alimentaria

La familia y los trastornos de la conducta alimentaria  (1a. parte)
¿En qué medida influye la familia en lo que le pasa al hijo/a/miembro que padece un trastorno alimentario?
Esta es siempre la cuestión que subyace cuando se afronta la existencia de ciertas constelaciones familiares asociadas a los trastornos y que se repiten a lo largo de todos los grupos, independientemente del país, clase social o condición en los que surgen.
Todos los autores afirman que no, pero inmediatamente claman por la necesidad de cambiar algunas pautas relacionales en la familia, pues de esta manera se incrementa la probabilidad de mejoría. El dilema queda sin resolver, pues nadie puede afirmar que las relaciones familiares observadas durante los trastornos sean las mismas que las existentes antes de la patología. Y aunque de cara al tratamiento no importa si fueron antes o después -pues lo primordial es cambiarlas-, sí convendría llegar a conocer, en orden a conseguir una mejor prevención, cuáles son las relaciones familiares tempranas que debemos corregir para no incrementar la vulnerabilidad a los trastornos.

Guía Trastornos de la conducta alimentaria - Unidad de Tratamiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Universitario Santa Cristina de la Comunidad de Madrid




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